El Viajero Hambriento
Japón

Tampopo: como un western japonés nos enseña a comer y disfrutar

Investigando mi escena preferida de Tampopo (Juzo Itami, 1985), acabé indagando sobre el sentido japonés de dos palabras: Shiroto (aficionado) y Shokunin (artesano). 

 

La película, un himno a los placeres de la comida, sigue a dos camioneros que ayudan a la titular Tampopo a mejorar su decaído restaurante de Ramen. Durante la trama hay varias escenas aparentemente desconectadas de la trama central, pero todas ellas centradas en la ética y convenciones sociales que rodean la comida: desde cómo elegir y comprarla, como pedirla en un restaurante, hasta cómo disfrutarla una vez la tengas delante. Se centra muchísimo en la primera palabra, ya que todos los personajes parecen ser aficionados de algo, a su manera.

Shokunin

Quiero abrir un paréntesis y hablar de la segunda palabra: Shokunin.

 

職人

 

En las palabras de Toshio Odate, uno de los más grandes y reconocidos artesanos de la Tierra del Sol Naciente:

 

“La palabra japonesa Shokunin está definida en los diccionarios como ‘artesano’, pero tal descripción literal no consigue describir el significado más profundo. Al estudiante de japonés le enseñan que Shokunin significa no solo no tener la habilidad técnica, sino también implica actitud y conciencia social. El Shokunin tiene un deber social de trabajar lo mejor que puede para el mayor bienestar de su entorno. Su obligación es a la vez espiritual y material, dando igual cual sea su función. La responsabilidad del Shokunin es de realizar su cometido”

 

Los valores

Esto se refleja en muchas facetas de la cultura nipona: el hecho de esforzarse no para superar unos límites autoimpuestos, sino para conseguir ser más útil para los que están alrededor. Me vienen a la cabeza las palabras de mi madre: “hazlo lo mejor que puedas”. A veces la vida demuestra que lo mejor que uno puede hacer no es suficiente para la situación, pero hay que intentarlo.

 

Dicho esto, ahora ya puedo hablar de mi escena preferida de la película: cuando uno de los protagonistas recibe un escarmiento por parte de un desconocido sobre cómo comer Ramen

 

 

Es importante saber que en la cultura japonesa, el ramen es un plato que se suele tomar deprisa para comer, a veces sin ni siquiera sentarse, en una estación de metro o tren. 

 

El enorme contraste de esta escena en la que el anciano, erudito desde hace 40 años de los fideos, enseña a nuestro co-protagonista la correcta forma de cuidar y tratar este plato tan característico. Obviamente hay que notar la exagerada y fetichista forma de tratar los ingredientes, combinada con la casi cómica parte en la que susurra deseo a la vez que perdón a las centelleantes láminas de cerdo a la brasa.

 

El contraste 

Muchos tenemos la tendencia de ver la comida como mero sustento; algo que tenemos que ingerir varias veces al día para seguir funcionando, echando comida a la boca, con el tenedor como si fuese una pala de una excavadora moviendo tierra. Pero si uno se fija en la importancia que imparte el anciano a la hora de apreciar la belleza de cada ingrediente, su preparación y presentación, es conmovedora. Acariciando los fideos, expresando respeto por el trabajo del cocinero, da un cierto valor humano a la comida. 

 

 

Esta escena, combinada con la definición de Odate de la palabra “artesano”, evoca que muchas veces hay que parar un poco, disfrutando y apreciando lo que tenemos delante. No todos los trabajos son actos mecánicos y repetitivos, pero aunque lo fueran, merecen el respeto hacia quien lo cumple, día tras día, esforzándose. 

 

¿Y todo esto?

 

El objetivo de este artículo, muy diferente del resto a los que os suelo tener acostumbrados, es pedirte que la próxima vez que comas algo, sobre todo si tienes al cocinero a la vista, pares unos segundos y aprecies cada faceta de lo que uno recibe en cada momento. Cada ingrediente ha sido escogido y tratado; no para darte sustento, sino para que se convierta en una parte de ti. 

 

Con ese mismo sentimiento, dando igual cual sea tu labor, hazla con amor y pasión. Hacer las cosas bien no es suficiente; vuélcate en ellas. Da igual si eres mecánico, oficinista, camarero o directivo: a través de lo que ejercemos podemos tocar a otras personas y hacer su día un poquito mejor. 

 

Nos vemos en el próximo post del Viajero Hambriento

A pesar de lo cursi que me ha salido el final, espero que este breve texto te arranque una sonrisa. Quiero intentar pasar de escritor a ser un Shokunin de las palabras. Con mi esfuerzo y vuestros comentarios, algún día, quien sabe…

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